¿WhatsApp no va? Lo que ocurre y cómo evitar que pase de nuevo
Por Martín Pluma · Subproject Zero
¿De verdad crees que ese mensaje que borraste desapareció? No. Sigue ahí, en un servidor que no conoces, esperando.
Lo escribiste en dos segundos. Puede perseguirte cinco años.
O, peor aún, ¿qué pasa cuando WhatsApp, esa herramienta que usas a diario para todo, simplemente deja de funcionar? Te quedas en silencio. No puedes avisar. No puedes saber nada.
Es un microinfarto digital.
¿Qué hago si WhatsApp no funciona?
Lo primero, y antes de entrar en pánico, es saber si eres solo tú o es medio planeta. Una rápida consulta a herramientas como DownDetector, o a los canales oficiales de @WhatsApp en redes sociales, te sacará de dudas. Si es una caída generalizada, poco puedes hacer más que esperar. A veces, la causa es un fallo en cascada de toda la infraestructura de Meta, afectando a Facebook e Instagram a la vez. Una única pieza fallida, un ‘single point of failure’, que tumba todo el tinglado.
Si el problema es solo tuyo, la cosa cambia. Reinicia la app, reinicia el móvil, comprueba tu conexión a internet (cambia de Wi-Fi a datos, o viceversa). Actualiza la aplicación. En Android, borrar la caché puede obrar milagros. Si nada de eso funciona, reinstalar la app es el último cartucho.
¿Por qué WhatsApp se cae? Y se volverá a caer.
Los servidores se sobrecargan. Un ataque DDoS puede tumbarlos. Una actualización defectuosa puede ser el detonante. O simplemente, un error en la red. La arquitectura de WhatsApp se basa en Erlang y XMPP, un sistema cliente-servidor. Los servidores son los encargados de que tus mensajes lleguen a destino, de sincronizar todo. Pero, ¿y si esos servidores fallan?
Ocurrirá. Y ocurrirá de nuevo. Porque la dependencia es total.
Tus mensajes viven más allá de la conversación
Aquí es donde la cosa se pone fea. Crees que envías un mensaje, lo ves marcado, y luego lo borras. ¿Fuera? No. WhatsApp no almacena tus mensajes entregados en sus servidores una vez que llegan a su destino. Se guardan temporalmente, como mucho 30 días, hasta que tu dispositivo se conecta. Si no se entregan en ese plazo, se borran.
Pero hay un detalle crucial: las copias de seguridad.
Hasta octubre de 2021, si tenías activada la copia automática en Google Drive o iCloud, tus mensajes no estaban cifrados de extremo a extremo por defecto. Eso significa que, aunque WhatsApp no los leyera, Google o Apple sí podían. Ahora existe una opción para cifrar esas copias, pero debes activarla. Y lo que es más importante: las copias antiguas, las que ya estaban ahí antes de ese cambio, esas siguen sin cifrar esperando a que las borres a mano. Tus conversaciones enteras, a buen recaudo en la nube de otro.
El problema no es el mensaje, es el rastro
Y no solo los mensajes. WhatsApp recopila metadatos. Tu número de teléfono, tus contactos (sí, también los que no usan WhatsApp), tu foto de perfil, tu dirección IP, el modelo de tu dispositivo, tu red móvil, cuándo usas la app y hasta tu ubicación aproximada. Toda esta información viaja a Meta. No es el contenido del mensaje, es la metadata. La información que te describe sin transcribir lo que dices.
Incluso si hablas con una empresa, y el mensaje está cifrado hasta que llega al servidor de Meta, la empresa receptora descifra el mensaje. Y ahí, en manos de esa empresa, tus palabras vuelven a ser vulnerables según sus propias políticas de privacidad.
La caída de un servicio es un inconveniente. Que tus mensajes, desapercibidos hasta ahora, puedan ser accesibles en una copia de seguridad antigua o como metadatos, eso es un problema de privacidad que te persigue.
Existe la idea de mensajeros que realmente olvidan, que no guardan rastro de lo que dices una vez entregado.